lunes, 24 de abril de 2017

Un cuento de hadas sin final feliz: La revolución gramsciana en los mejores largometrajes animados - Por Adolfo Aybar

Un cuento de hadas sin final feliz

 La revolución gramsciana
en los mejores largometrajes animados

Por Adolfo Aybar


Inevitablemente debo hablar en primera persona.
Indignación, tristeza, impotencia. Todo esto sentí una vez que confirmé que la versión live-action que los Estudios Cinematográficos Disney produjeron de la clásica historia de “La Bella y la Bestia” había transformado al personaje Le Fou –el secuaz de Gastón– en una persona homosexual.
Mi indignación se debe a que la empresa Disney haya decidido destruir en primer lugar la inocencia de los chicos, y luego confundir la mente de los adultos. Históricamente, Disney siempre fue la productora de películas en la que cualquiera podía confiar. Disney siempre rescataría las virtudes, la amistad, la camaradería, la inocencia infantil, el sacrificio, la honestidad, el amor; y por este motivo cualquier adulto acudiría al cine a disfrutar sus producciones con gusto, invitando a sus hijos también a deleitarse con ellas; incluso más, les permitiría ver sus películas con toda su confianza puesta en esta empresa.
Pero hoy las cosas han cambiado. Mejor dicho: los nuevos y últimos responsables de Disney las han hecho cambiar. Y, con tristeza, repito una pregunta que muchos seguramente se están haciendo, ¿he de olvidar aquel “Disney” lleno de magia y aventuras, que me invitaba a soñar en una atmósfera de libertad y pureza? Ya no estamos ante cuentos de hadas sino ante la promoción cinematográfica del escándalo de los niños. Hoy esta productora quiere transmitirnos el sufrimiento y el dolor humanos como algo mágico, hoy quiere rendir pleitesía a los principios de la ideología que sostiene que para “hacer la revolución” y deformar el orden natural que rige a nuestro intelecto, no hay que alzar las armas, sino cambiar la cultura, y ella, cambiada, se encargará de modificar nuestra percepción de la realidad.
La homosexualidad es un desorden que se ha de combatir para lograr el orden y la virtud, como la mentira, el hurto y el orgullo. Por este motivo no hemos de aplaudirla, ni de fomentarla, debemos reconocer su gravedad como impedimento para alcanzar la felicidad.
Mi impotencia consiste en que a pesar de esta indignación en mi interior, parece poco lo que puede hacerse para detener este camino de deterioro humano que los responsables de Disney han comenzado a recorrer. Por este motivo decidí redactar, al menos, este breve artículo, con la esperanza de lograr transmitir esta verdad a aquellos que tengan las posibilidades de su lectura.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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    1. Disculpe, pero eliminé su comentario por considerar que la forma en que se dirigió al articulista era impropia. Saludos.

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