domingo, 17 de febrero de 2019

El debate ideológico y político, un tablero de Ajedrez. Verdad y Poder


El debate ideológico y político, un tablero de Ajedrez. Verdad y Poder

Por Juan Carlos Monedero

            Los debates y controversias ideológicas nunca son ideológicas. Quienes nos aproximamos a la filosofía, quienes nos animamos a filosofar, sabemos de la mano de Santo Tomás de Aquino que la razón nunca actúa sola, que los sentidos, las pasiones, los impulsos e inclusos los instintos no son autónomos, y que todo en el hombre es “humano”. Esto quiere decir, ni más ni menos, que el mismo aprendizaje -que tiene su centro en la inteligencia, que es inmaterial- es un suceso emocional. Aprendemos más fácilmente cuando tenemos la disposición emocional de aprender (todos recordamos a esas señoritas encantadoras de la Primaria que nos hacían sentir como coches de Fórmula Uno). Los debates y controversias también participan de este carácter humano: no son dos fríos intelectos los que discuten ni son dos puras animalidades las que entran en pugna. Son dos hombres, con su inteligencia, su razón pero también sus emociones, sus pasiones y hasta sus miedos.
            Como en el Ajedrez.



            En el juego-ciencia, la práctica, la habilidad, la inteligencia aplicada, el manejo de las estrategias es determinante. Pero no es lo único. Porque uno juega al Ajedrez y ahí refleja quién es; primero por el Ajedrez mismo, pero también porque en todos los juegos de alguna manera nos revelamos. En los juegos nos mostramos como somos, y es quizás el Ajedrez uno de los que nos permita entender mejor la compleja realidad social y política en nuestro país. Porque la Argentina está atravesada por varios discursos, por complejas ideologías y por robustas doctrinas. Todas ellas tienen un elemento teórico, sincero o no, realista o no, pero al ser encarnadas por personas de carne y hueso, cada uno de ellos le imprime a estas ideas la marca especial de su propia individualidad. Al igual que cuando movemos los peones. De la misma manera que cuando adelantamos un alfil blanco para amenazar el campo de las negras. ¡Cuántas veces, envalentonados por una buena jugada, nos confiamos, nos desbocamos en el ataque y terminamos perdiendo una buena posición o fichas clave! Como dice mi santa madre, menos es más.
            También pasa lo mismo en la política y en las controversias ideológicas. No son robots los que discuten, los que tejen alianzas partidarias, los que se asocian para lograr sus propios fines. Son personas, somos personas que al tomar una decisión involucramos elementos tanto conscientes como ocultos. Como dice Jürgen Klaric, especialista mundial en ventas, la acción de vender debe apuntar a cubrir -para ser eficaz- “la necesidad antropológica inconsciente” de una persona. ¿Y no es verdad que nosotros “compramos” una idea, una ideología, un discurso?
            Hasta aquí, creo que todos podemos estar de acuerdo en el 100% de lo anterior. Pero trascendamos el plano psicológico. Porque la salud de la persona no se define por la alineación de sus actos con sus ideas, lo cual es condición necesaria pero no suficiente. Porque esas ideas deben estar alineadas con la verdad de las cosas, con la veritas rerum, como dice la tradición filosófica realista. Porque digamos algo con todas las letras, aunque pueda sonar antipático para los oídos píos de cierta gente. Antonio Machado podrá ser muy eufónico con su “Caminante, no hay camino”, podemos sentirnos gigantes escuchando a Serrat interpretando estos versos, pero estos versos no nos inspiran a ser mejores. Si se sabe ver, nos transmiten desesperación, indiferencia doctrinal; nos transmiten un espíritu resabiado de relativismo, con dosis calculadas de escepticismo. Porque si no hay un camino mejor que otro, un camino preferible a otro, un camino objetivamente bueno, no hay verdad. Y estaríamos en el Reino de la Opinión donde las ideas y posiciones no valen en función de su correspondencia con la realidad sino en virtud del poder que me den. Pero eso, ¿no establece el despotismo más abyecto? Amparados en el puro ejercicio poder, sin norte ni brújulas éticas objetivas, ¿qué lugar queda para la Justicia?
            ¿Dónde está más protegido el débil? ¿En la Ciudadela de la Verdad y la Justicia absolutas (así, con mayúscula) o en el Reinado de la Mayoría, donde predomina la Sacrosanta Cantidad?
            Una posición cómoda para los libros pero impracticable en la realidad: ¿o acaso aceptaríamos que nuestro jefe no nos pague nuestro sueldo? Si nuestro empleador se negase a hacerlo, seguramente le diríamos que debe abonar los honorarios de nuestro trabajo “porque es lo que corresponde”. Ahora bien, lo que corresponde es lo justo. ¿Y si nuestro jefe nos escupe en la cara la perversa filosofía de Machado, según la cual no hay justicia verdadera sino puntos de vista? ¿Qué le impide decirnos “Lo que corresponde está sujeto a cambios y pautas culturales, válidas para ciertas épocas y ciertos lugares de la humanidad, y casualmente mi empresa no es uno de ellos”? ¿Por qué debería pagarnos si la verdad no existe, si la justicia es una convención, si no hay “un camino” éticamente bueno?
            El debate sobre el aborto, impulsado por el oficialismo a principios del año pasado, es el escenario más descarnado de este Relativismo. El débil es el niño por nacer, el máximamente desprotegido, ni gritar puede. Los números deciden si es legal o no descuartizarlo: las cantidades. Las cifras. Diputados y senadores falibles por separado que, por arte de magia, se vuelven infalibles en conjunto, como agudamente señaló esa gran cabeza que fue Juan Donoso Cortés. Y los políticos, del otro lado, contando cuántos porotos les reditúa presentarse de tal o cual manera. Cristina Fernández de Kirchner “descubriendo” que estaba a favor del aborto; Juan Manuel Urtubey apostando al progresismo luego de varios años de administración conservadora; Sergio Massa tejiendo alianzas políticas donde las ideas, los conceptos, los principios se subordinan a la acumulación de capital político. Mauricio Macri habilitando -al mejor estilo Poncio Pilatos- debatir sobre si el bebé en el vientre materno puede ser asesinado (o no), luego de haber sostenido -durante el Congreso Eucarístico Nacional, en Tucumán, junio 2016- las siguientes palabras: “Defiendo la vida desde la concepción hasta la muerte”.
            La Verdad, la Justicia y el Poder parecen ir por caminos distintos. La pregunta es qué camino va a tomar usted, lector. ¿Se va a convertir en parte de la solución o en cómplice del problema?

jueves, 7 de febrero de 2019

El lenguaje pro-aborto y la agenda de género como el nuevo «Caballo de Troya»


El lenguaje pro-aborto y la agenda de género como el nuevo «Caballo de Troya»

Por Juan Carlos Monedero (h)

Según la literatura universal, cuando los griegos luchaban contra los troyanos en una guerra frontal y abierta, no podían vencerlos. Esta forma de guerrear no les daba los resultados deseados; no podían tomar Troya, por lo que apelaron a otro tipo de estratagema: construyeron un enorme caballo de madera e introdujeron a varios soldados dentro de él. Dejaron la estructura cerca de la ciudad de sus adversarios y se dedicaron a esperar. En el flanco izquierdo del «caballo» estaba grabada una frase en homenaje a la diosa Atena, lo que despistó a los troyanos, al punto que ellos mismos terminaron introduciéndolo a su propia fortaleza. Los soldados griegos escondidos salieron por la noche, abrieron desde dentro la puerta a sus compañeros que afuera los esperaban y así obtuvieron la victoria sobre sus enemigos.



Sin lugar a dudas estamos ante una situación muy semejante en la actualidad, por lo menos en lo que respecta a la comunicación –y especialmente la comunicación política– en la Argentina. Los ideólogos y militantes por el aborto legal (a decir verdad, ni es seguro ni es gratuito) son incapaces de lograr la legitimación social de esta práctica si vienen de frente. No pueden mostrar una ecografía y decirnos que no estamos viendo un bebé. No pueden decir la palabra “hijo” o “niño” –léase las propias recomendaciones de CASA FUSA para la cobertura periodística sobre el aborto[1]–, no pueden confesar abiertamente sus vínculos con los poderosos organismos internacionales que les dispensan toneladas de dólares. No pueden mostrar en primer plano cómo se realiza un aborto –cosa que pasó en el Senado el año pasado, para escándalo de los presentes– porque tales imágenes generan tal terror que el tiro les terminaría saliendo “por la culata”. No pueden decir ni una palabra sobre el uso de los órganos de los bebés abortados en el proyecto de ley porque ahí aparece la sigla I.P.P.F. y todo el mundo pierde la cabeza.
Así las cosas, iniciando este 2019, parece ser que los griegos no pueden derrotar a los troyanos sin recurrir a las artes del engaño y la simulación; por eso los pañuelos verdes prefieren decir “interrupción” en vez de destrucción del embarazo. Por eso prefieren llamar “producto de la concepción” a la persona por nacer. Por eso mienten con las cifras de cantidad de abortos por año (el mismo Rubinstein pasó de medio millón a 400.000, para terminar diciendo 47 mil, ¿no eran sostenibles los 500.000 por año?). Por eso llaman “práctica médica” al abuso de la medicina. ¿Nos damos cuenta de que la comunicación social y política está atravesada por estas palabras-talismán?
La defensa de la familia no es otra cosa que la defensa de la Argentina, y para llevarla a cabo lúcida y eficazmente debemos estar con los ojos bien abiertos. No podemos dejar que nos contrabandeen criminales legitimaciones bajo el ropaje de estas palabras.
Por el mismo motivo, tampoco podemos ver como fenómenos separados la promoción del aborto y la agenda de género. Son parte de la misma maniobra. Porque la agenda de género no procura el respeto por las personas homosexuales: eso es la pantalla. Quienes están detrás de esta agenda aspiran a trastocar el sentido común de los argentinos a través de maniobras periodísticas y políticas, cuyo centro es el manejo de la palabra, la imagen y la provocación de conflictos. Porque la agenda de género no busca otra cosa que instalar y volver aceptable la famosa ideología de género.
La familia, los instintos y tendencias naturales –como la maternidad y la paternidad–, la voluntad de los padres de sacrificarse por sus hijos, son los adversarios de estos militantes de la muerte. Por eso reaccionaron enérgicamente contra el editorial del diario La Nación de este 1° de febrero[2], que resaltaba a esas adolescentes que –contra la opinión de sus propias madres– llevaban adelante sus embarazos. El establishment no perdonó y –desde UNICEF hasta Amnistía Internacional, pasando por la Asesora General de la ciudad de Buenos Aires– realizaron su inapelable condena social. No le perdonan que recuerde que esas madres siquiera existen, que hay chicas de 14 años que no abortan; no quieren reconocer –como dice el editorial– que la actitud de aquellas valientes chicas “despedaza el pañuelo verde”.
En los últimos meses, los esfuerzos comunicacionales de quienes promueven el pseudoderecho al aborto están concentrados en la palabra “vida”. Se dieron cuenta un poco tarde que si quienes se oponen a este crimen se autodenominan “provida”, por consecuencia lógica quienes propicien la práctica serán relacionados con la muerte. No lo pueden permitir. Por eso, esta batalla por la vida de los indefensos es inseparable de una controversia comunicacional, periodística, lingüística. Y la arena de combate, la mente, el alma, nuestra voluntad. Que no nos metan el Caballo de Troya a través de las palabras.



[1] Cfr. http://grupofusa.org/abortoyperiodismo/ Agradecemos al boletín NOTIVIDA, quien hizo circular esta información, de quien la hemos recogido.
[2] Cfr. https://www.lanacion.com.ar/2216199-ninas-madres-con-mayusculas

martes, 5 de febrero de 2019

Así en el cielo como en la tierra - Narración de Federico Bär (Dick)


ASÍ EN EL CIELO COMO EN LA TIERRA

Narración de Federico Bär (Dick)

      En el Salón de Juegos, toda la atención está centrada en las filas de casilleros claros y oscuros que integran un tablero hecho de madera, con bordes anchos. Sobre él se encuentran dispuestas sobre un lado, ocho figuras blancas de nácar irisado con incrustaciones de piedras. Del lado opuesto, hay igual número de objetos de formas idénticas, pero de mármol negro y sin adornos. Las piezas que intervendrán en este Juego son, una por una, obras artesanales esculpidas en materiales nobles.



      Detrás de una fila de Peones Blancos, el Rey y su Dama conversan con los Alfiles mientras, bajo la mirada vigilante de las Torres, los Caballos esperan impacientemente ser montados. Cristián Rodaerc comprueba que todo está en orden, y levanta la vista. El conductor de las piezas negras, Narciso Otsircitna, confirma con un movimiento de cabeza que está preparado. Rodaerc avanza su Peón Rey.

      En la clínica, la mira de todos está en la sala de partos. Se abre la puerta y se oye el grito triunfal con el que un bebé anuncia su llegada.

      Las respuestas de Otsircitna a las cuatro jugadas siguientes reflejan estrategias similares; no hay innovaciones. Los grandes espejos que rodean la sala, acentúan la simetría de las posiciones.

      Abre los ojos, pero aún no puede ver el espejo frente a su cuna. Más tarde, aprende a gatear, a caminar, a jugar. Lo llevan a la guardería; crece, a los seis años va a la escuela.

      En la octava movida, el Caballo Rey Negro da un brinco, como sólo pueden hacerlo los potros. Las blancas quedan en una situación comprometida.

      La víspera de su octavo cumpleaños pasea en un caballo muy manso que, sin embargo, inexplicablemente se desboca. Antes de caer, el niño tiene una nítida imagen del desenfrenado galope.

      Rodaerc responde al imprevisto movimiento con una orden inesperada, audaz. Un Alfil Blanco, débilmente protegido por la Dama, aprovecha su veloz desplazamiento por toda la diagonal para obligar a un corcel Negro a entregarse.

      Al quedar un pie enganchado en el estribo por un instante, el golpe es providencialmente amortiguado. Con sólo algunas lastimaduras, el pequeño jinete se levanta y anda.

      Los dos ejércitos sobre el tablero reagrupan sus huestes, reina la tranquilidad de una tregua. Pero luego de una sucesión de varias jugadas sin violencia, Otsircitna despliega sus fuerzas y dirige una ofensiva por el flanco izquierdo. El Rey se pone blanco.

La vida del niño transcurre sin sobresaltos. La escuela y los deportes reclaman su atención. Una noche, al regresar a su casa, cruza una avenida cuando un vehículo sin luces se acerca a gran velocidad.

      El auditorio contiene la respiración: esa amenaza al Rey Blanco puede significar el fin del duelo.

      El conductor frena tarde, y el niño es atropellado. Su cabeza golpea contra un espejo retrovisor exterior.

      Rodaerc apela a todos sus recursos, y cuando el tiempo reglamentario está a punto de expirar, revierte la situación. Sus Torres encierran a la Dama, la Negra más poderosa y a la vez la más vulnerable, de las piezas adversarias.

      En el sanatorio, la recuperación es lenta. En el espejo que está colgado frente a su cama, el niño se ve a sí mismo, observando el tablero y los jugadores en el Salón de Juegos. Con un gran esfuerzo, se despierta del sueño casi eterno.

      Visiblemente aliviado, Rodaerc se reclina en el sillón y enciende una pipa. Sabe que de ahora en adelante no habrá peligro.

      En la actualidad, la partida se está desarrollando sin sobresaltos. A juicio de los analistas, la posición es favorable a Cristián Rodaerc, Creador de este, el más Humano de todos los Juegos.

* * *


      (Publicado en el Primer Anuario de Cuentos de la Editorial Argenta Sarlep S.A., Buenos Aires, en mayo de 1987)

viernes, 1 de febrero de 2019

Mitos y verdades en torno al debate del aborto – La resolución inexistente


Mitos y verdades en torno al debate del aborto

La resolución inexistente

Por Juan Carlos Monedero (h)

Publicado el 31 de enero de 2019 en Diario Nox Salta

         Si hubo una cuestión que se discutió acalorada y permanentemente el pasado 2018, sin dudas fue el aborto. A lo largo y a lo ancho de este debate desigual –el apoyo de por lo menos ¾ de los titulares de los medios de comunicación al proyecto de legalización no permite engañarse– los argentinos escuchamos, entre atónitos e indignados, los más variados enunciados: que el feto no es persona, que la madre está esclavizada por su embrión, que las mujeres pobres también tienen “derecho” a matar a sus hijos sin correr riesgos, y un sinnúmero de recursos pretendidamente argumentativos. Pero los hechos son tozudos y la realidad no desaparece simplemente tapándose los ojos. Y así, casos como el de Concordia (Entre Ríos) y el reciente en Jujuy, ponen al desnudo la trama: en el altar de lo políticamente correcto, argentinos indefensos están siendo sacrificados.
         En este contexto dramático, hay un mito particular sobre el cual deseamos hundir el bisturí. Nos referimos a la supuesta existencia de una resolución, emanada por el Ministerio de Salud de la Nación en el año 2010, que daría vía libre a la práctica del aborto no punible en los hospitales. Se cree que Juan Luis Manzur activó en julio de ese año la Guía Técnica para la Atención Integral de los Abortos no punibles, cuando ejercía el cargo de Ministro de Salud, designado por el kirchnerismo.
Lo cierto es que, a pesar de haberse realizado todos los pasos administrativos previos,  la guía no tiene resolución ministerial. La resolución 1184/2010 –sobre la cual innumerables periodistas y militantes abortistas escriben y pronuncian latosos discursos– no existe. No está en el boletín oficial.



         Esto ya había sido dicho por el propio Manzur el 21 de julio del 2010, 24 hs. después de que el protocolo para matar inocentes fuese colgado en la página de la cartera del Ministerio de Salud. La portada, informó Página/12, rezaba: “Los procedimientos previstos por esta Guía son de aplicación establecida por Resolución Ministerial N° 1184 del 12 de julio de 2010”[1]. Pero el entonces ministro sostuvo que tal resolución no existía, generando la cólera de los elementos abortistas. Y el 31 de julio de ese mismo año, Página/12 visibilizó otro reclamo de las verdes, que exigían la firma de la resolución por parte del ministro a fin de obtener ese aval político por el que tanto suspiran.
Hasta tal punto subsiste el equívoco en gran parte de la opinión pública –tanto celeste como verde– que la misma ley 4796 de la provincia de Río Negro adhiere a esta guía alegando en su art. 3 la vigencia de una resolución que nunca existió. Ahora bien, la ciudad de Cipolletti está en Río Negro. ¿Se puede creer que es la misma provincia donde el médico Leandro Rodríguez Lastra está siendo procesado por no haber ejecutado a un bebé mediante un aborto?
Sin lugar a dudas –y desgraciadamente para los inocentes que no pueden defenderse– este debate seguirá por algún tiempo en la opinión pública. Es de desear que la ideología ceda el paso a la evidencia científica, y que la justicia y el bien común no quede supeditada a los intereses personales.


[1] https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-150463-2010-07-31.html

viernes, 4 de enero de 2019

Educación, aprendizaje y aburrimiento - Por Juan Carlos Monedero (h)


Educación, aprendizaje y aburrimiento
¿Cómo evitar que los niños se aburran en la escuela?

El subtítulo de este artículo es un gancho, un anzuelo, porque deliberadamente plantea cómo evitar que los niños se aburran… cuando lo decisivo es entender por qué lo hacen.
Hace un tiempo, una educadora dijo “No existe el trastorno por déficit de atención, sólo niños aburridos”[1]. El niño se aburre por el mismo mecanismo, el mismo motivo, que el adulto. Se aburre cuando está sub-utilizado.
Como todas las actividades, el ser humano necesita realizarlas dentro de un abanico que va desde la sub-utilización hasta la sobre-utilización. Cuando realizamos una actividad muy por debajo de nuestras posibilidades, nos sentimos mental y físicamente infravalorados. Si ponemos a una persona normal a que haga picar en el suelo una pelota de básquet durante 2 minutos, como parte de una entrada en calor, y luego combinamos este ejercicio con otros, es una cosa. Si en cambio lo dejamos picando la pelota durante media hora, se morirá de aburrimiento y comenzará a odiar lo que está haciendo y por supuesto a sí mismo (si no abandona la actividad con desprecio mucho antes). Los entrenadores saben que tienen que incrementar la dificultad para mantener activa la atención, y entonces cambian de ejercicio o procuran que –por ejemplo– se arroje la pelota con cada vez más potencia, de modo de elevar el gasto de esfuerzo. Lo que sea, pero la monotonía tiene que tener un límite.
El mismo principio se aplica al campo del estudio y el conocimiento.



Muchos niños inteligentes, o al menos mejor preparados que sus compañeros, se aburren de manera trágica en las clases. Y uno de los motivos, no el único ciertamente, es que los contenidos no les son desafiantes ni estimulantes. Pero evitemos ante todo la demagogia muchachista: no queremos decir –como parecen insinuar un sinfín de “especialistas” en la educación– que el docente debe ponerse una nariz colorada y hacer el payaso, perdiendo el rabo por mantener los ojos de los chicos sobre sí. Lo que tiene que hacer el docente, muy por el contrario, es brindar un contenido más dificultoso para el intelecto, un objeto suficientemente provocativo para la inteligencia de aquellos niños que –por el motivo que sean– la han desarrollado más.
El problema es que, como una manta corta, al taparnos el pecho nos destapamos los pies. Y el docente, al brindar contenidos más complejos, quizás atraiga la atención de los alumnos más aventajados. Pero será entonces la otra porción de niños, la que no ha desarrollado por el momento tanta capacidad, la que quede rezagada. Y tendremos el problema inverso: sobreactividad. ¿Qué hormona se genera cuando nos situamos ante un desafío que supera las habilidades que sentimos que poseemos? Cortisol. O sea, generamos stressEs decir, tendríamos a niños frente a un desafío que está por debajo de las propias habilidades que perciben tener, aunque efectivamente -y luego de una adecuada instrucción- puedan ellos llegar a superarlo.
Como docente, nuestro objetivo es calibrar el contenido para mantener a nuestros alumnos en cierto punto, equidistante tanto al stress como al aburrimiento. Los padres deben estar muy interesados en capacitar a sus hijos para que estos no se conviertan en lastres que demoren el aprendizaje de los demás. Asimismo, la experiencia atestigua que la mala conducta de algunos alumnos encuentra su explicación psicológica –no su justificación moral– en el aburrimiento.


[1] https://www.abc.es/familia-educacion/20131029/abci-maria-acaso-reduvolution-201310281621.html