jueves, 16 de agosto de 2018

14 cosas que nunca escuchaste sobre el aborto - Balance del rechazo del proyecto abortista en Senadores


14 cosas que nunca escuchaste
sobre el aborto

Balance del rechazo del proyecto abortista en Senadores

Por Juan Carlos Monedero (h)

NÚMERO 1: el rechazo del proyecto implica la salvación de muchos niños inocentes.
           
            Sabemos que la lucha continúa, pero no dejemos de festejar las modestas victorias que se han logrado. Aunque el debate en sí sea una victoria de la democracia, la negativa al proyecto es una victoria de la Argentina que ciertamente ha puesto un fuerte obstáculo al gravísimo ataque que se hubiese cernido sobre su propia población. No nos quedemos en los laureles pero también sepamos valorar todo el trabajo que se hizo. No fue magia.
            El alma no puede vivir bebiendo malas noticias, tenemos también que recrearnos en lo bueno. Alegrémonos legítimamente, sin bajar los brazos, por todos esos niños que –con otro resultado– habrían sido abortados. Al menos durante un tiempo, los hijos de aquellas mujeres que los hubiesen eliminado bajo la legalidad han sido salvados. Que no pase desapercibido que hemos salvado vidas inocentes: es un bien enorme haberlo logrado.
Tenían la mayoría de los MMCC, mayoría en el periodismo, en el cine, en el "arte". Todo el grupo Clarín a su favor. Tenían los colegios públicos. Contaban con la inacción de una porción del clero. Tenían la plata que les llegaba de adentro y la que les llegaba de afuera. El apoyo del Poder Ejecutivo: Macri. Tenían la fuerza de los partidos. Contaban con un sistema que puede legalizar cualquier barbaridad si cuenta con los votos necesarios. Pero así y todo la ley fue rechazada. Por eso, no nos podemos quitar el pañuelo celeste. O como dice el video de Militar la vida: “YO NO ME LO QUITO”[1].



NÚMERO 2: “educación sexual, anticoncepción y aborto” forman parte de un único paquete.

Esta tríada maldita es inseparable: se acepta en bloque o se rechaza en bloque. Son la punta de lanza de un proceso mayor, que lleva siglos, y que se conoce como la Revolución Mundial Anticristiana.
Todos sabemos que bajo los términos “educación sexual” se puede entender y enseñar muchas cosas buenas. Pero si los capacitadores de esta asignatura proceden de las filas de Nuevo Encuentro o del Ministerio de Educación, todos nuestros libros, toda nuestra antropología filosófica no valdrá prácticamente ni un gramo. Tal como está planteada por el Estado la Educación Sexual –aún la “Integral”, adjetivo con el espontáneamente todo se volvería bueno–, no hay duda de que es un concepto subsidiario de los abortistas. Es su slogan, es el peldaño n° 1 para poder llegar al n° 2 y terminar en el aborto.
Quienes tienen la primera obligación de velar por los contenidos que imparten los colegios son LOS PADRES. Deben apoyar resueltamente a las autoridades cuando éstas enseñan en las virtudes, cuando enseñan una auténtica educación para el amor –como se hace en muchos colegios, nos consta– así como prepararse para resistir a aquellos docentes que (sea por error, mala formación o malicia) corrompen el alma de sus hijos.

NÚMERO 3: la mentira atraviesa las entrañas mismas del discurso abortista.

MINTIÓ Roberto Carlos Trinidad, también conocido como Florencia de la Vega, cuando dijo que su madre había muerto como consecuencia de un aborto clandestino. Hace años, el cáncer –según sus palabras– se había llevado su vida. MINTIÓ asimismo al sostener la cifra de un aborto por minuto en la Argentina. ¡Tan absurdo era el número que hasta el diario Clarín lo tuvo que reconocer![2] Es que la mentira tiene patas cortas y, al menos en este caso, gruesos tobillos.
MINTIÓ la “pastora” evangélica, presentada en el Congreso como un ejemplo de una evangélica abortista.
VIENEN MINTIENDO hace más de una década con la cifra de 500.000 abortos clandestinos en un país de más de 40 millones como el nuestro, cuando en Estados Unidos –con aborto legal desde 1973 y cuya población asciende a 350 millones de personas– se realizan 600.000 abortos legales.
MINTIERON en Estados Unidos, como lo confesó Bernard Nathanson. También MINTIERON en el caso Roe vs. Wade –cuyo fallo judicial abrió camino al aborto–, como lo reconoció Norma McCorvey[3]. Hoy existe una película en torno a esta mentira.
MINTIERON durante todo el año, diciendo que el proyecto legalizaba el aborto sólo hasta la semana 14 cuando, en realidad, lo hubiese habilitado los 9 meses del embarazo invocando requisitos vacíos y manipulables.
Son los mismos que vienen mintiendo hace un año respecto de Santiago Maldonado, acusando a la Gendarmería de una desaparición que en realidad resultó ser una muerte por ahogamiento. Son los mismos que vienen mintiendo hace décadas con la cifra de los desaparecidos, número reconocido como falso por los mismos que en su momento lo sostuvieron, como Jorge Lanata. Cuando una causa es justa, no necesita de mentiras.

NÚMERO 4: quienes promueven el aborto son responsables de las muertes maternas en abortos clandestinos.

            Acusar a los provida por las mujeres que mueren en abortos clandestinos es una difamación que casi no merece comentario.
Son estrategias discursivas, diseñadas y pensadas a fin de distorsionar nuestra posición. De ahí denominaciones tales como “grupos antiderechos”, o también la falsa disyuntiva entre los que están “a favor del aborto legal” y nosotros, ubicados en el terreno de quienes estaríamos “a favor del aborto clandestino”.
La realidad, sin embargo, es tozuda. Los hechos son los hechos. Las mismas que militan por la legalización del aborto son las que promueven abortos clandestinos, como lo muestran estas publicaciones:



            Edgardo Moreno sintetizó la respuesta en las siguientes palabras: “LAS MUERTES POR ABORTO CLANDESTINO SON RESPONSABILIDAD DE LOS ABORTEROS”. Y luego desarrolló: “Uno de los caballitos de batalla, y tal vez la falacia más repetida por los partidarios del aborto legal, consiste en atribuir la culpa de las muertes por aborto clandestino a quienes defendemos la vida del niño por nacer”. Esta acusación es “absolutamente falsa”. Continúa Moreno: “La mujer que decide hacerse un aborto evidentemente lo hace porque no ha merituado como corresponde el valor de la vida humana que está gestando y/o porque no ha recibido la adecuada contención, ayuda y consejo de su círculo más allegado. De éso no somos responsables quienes defendemos la vida, y si se pretende buscar responsabilidades más allá de la personal, no hay dudas que los responsables de los abortos clandestinos son los partidarios de la cultura de la muerte pues ellos son los que promueven el desprecio absoluto por la vida de los niños por nacer”.

NÚMERO 5: existe una poderosa reserva moral en la Argentina, incluso en la Capital y Gran Buenos Aires. Y en el interior, las propuestas anti-vida y anti-familia son mucho más débiles.

            Una constatación que debe llenarnos de energía y renovarnos en la militancia. Millones de argentinos salieron a la calle, entregando con generosidad tiempo, dinero, recursos. Aquellos a quienes el estudio llevó años –miles de horas de estudio– brindaron esos conocimientos gratuitamente, en innumerables conferencias, charlas parroquiales, tertulias, talleres ante alumnos, etc.
            Millones de personas en todo el país el 25 de marzo. Millones de personas el 20 de mayo. Más de cien mil personas en Luján, presentes en la consagración de la Argentina a la Virgen. El acto en el obelisco, pocos días antes de la votación, superó el millón de asistentes sólo en Capital. Un tsunami durante los días precedentes a la votación y, especialmente, el 8 de agosto y la madrugada del 9. Miles de jóvenes en las calles, en todo el país, sacrificando horas de sueño y exponiéndose físicamente, pegando afiches para estas convocatorias. Se repartieron volantes, se apoyó a los personajes públicos que fueron defendiendo la vida de los inocentes: en la calle, en las redes sociales, en las mesas familiares, en el trabajo, en el club.
Surgió la idea de una Militancia 24-7: 24 horas del día, los 7 días de la semana. A quienes defienden la vida del niño por nacer pero desconocían en profundidad el tema, se los dotó de argumentos jurídicos, científicos, médicos, lógicos, religiosos. Intervenciones en distintos medios de comunicación.
            ¡Cuántos diseñadores y guionistas fueron poniendo sus talentos al servicio de la causa! Videos, artículos, debates, convocatorias, actos públicos. La formación de grupos de Abogados, Médicos, Psicólogos y Docentes por la vida. Se sostuvo en todos lados la inocencia del niño, se sostuvo en todos la malicia del aborto. En San Justo, se realizó una mateada en una plaza mientras varios jóvenes ilustraban a la gente. Pasaron una ecografía en vivo, dándole pantalla al mismo niño al que los abortistas pretenden invisibilizar.
            Se acompañó a las mujeres embarazadas, noble tarea que viene siendo realizada hace años.
Se pintaron murales, se intervinieron las madrigueras de los abortistas, se pensó en numerosas estrategias. Muchos colegios abrieron sus puertas a distintos profesionales para que ilustrasen a los alumnos sobre estos temas, como también facilitaron que las personas arrepentidas por haberse practicado un aborto –como Patricia Sandoval– pudieran comunicar su testimonio. Y no podemos omitir el acompañamiento de personas de relevancia internacional, como Amparo Medina. En una palabra, se puso la inteligencia y el corazón al servicio de la vida del niño.




NÚMERO 6: el discurso provida es compacto y los planteos abortistas son contradictorios entre sí.

            Reducido a su mínima expresión, los provida sostenemos: hay una persona humana desde la concepción, matar a un inocente es un asesinato. Punto final.
            Con los abortistas es distinto. Hace años, decían que el embrión no estaba vivo. Luego dijeron que tenía vida, pero no “vida humana”. Luego dijeron que había vida humana pero que la madre tenía derecho a “eliminar una vida humana”[4].
            Primero dijeron que estaban a favor del aborto sólo para casos de violación. Después dijeron que querían el aborto para las mujeres pobres (o sea: ya no importa si son violadas o no). Después que estaban a favor a partir de las 12 semanas. Este año deslizaron un proyecto abortista para legalizar el aborto hasta la semana 14 “y no después” (que, como dijimos, era mentira de todas formas).
Durante años dijeron que las mujeres pobres debían contar con la posibilidad de matar a sus hijos “para evitarles el sufrimiento”. También dijeron que un niño con malformaciones sufriría toda su vida, mejor abortarlo. Que la mujer violada vería en su hijo la cara del violador. ¿Y cómo no mencionar el escándalo-Catherine-Fulop en este punto? Pero este año, al fin, se sacaron la careta. En el Congreso, la activista Dora Barrancos lo sostuvo explícitamente[5]:

“me encuentro entre quienes defienden el aborto legal para afirmar el derecho al disfrute sexual separándolo absolutamente de la reproducción. ¡Es un derecho humano fundamental que tiene que sernos dado a las mujeres! Por lo tanto, yo sostengo que debe dársenos esa prerrogativa para igualar las condiciones del ejercicio de la sexualidad diferencial entre varones y mujeres. El sexo (…) no embaraza a los hombres”.

En la votación del Senado, Fernando Pino Solanas[6] reprodujo conceptos similares a la hora de sustentar su posición a favor del aborto: “El derecho a poder decidir sobre su cuerpo. ¿Y por qué no? ¿Por qué tenemos miedo de decir que el derecho a gozar, a gozar de la vida y a gozar de su cuerpo? ¡Sí, señora presidenta!”. Ya no importa el pobre, la mujer violada, las madres que se mueren en abortos clandestinos, los niños con malformaciones. Ahora sabemos que militaban para vivir de orgasmo en orgasmo.

NÚMERO 7: Mauricio Macri, el Presidente de la Nación, está poniendo las condiciones sin la cuales estos proyectos genocidas no serían posibles.

            Ya no se puede disimular la responsabilidad del Poder Ejecutivo. Al igual que Poncio Pilatos el Viernes Santo, Mauricio Macri propone rifar la verdad en las arenas movedizas de los números, demostrando que su gobierno merece la calificación que le propinó Mons. Aguer: “Es un gobierno sin principios”. Rubinstein, Lipovetzky, Marcos Peña y su familia, todos ellos alfiles en este ajedrez siniestro.
Todavía no habían pasado 24 hs. del rechazo en Senadores y el Poder Ejecutivo reflotaba la idea de reformar el Código Penal –en la que venía trabajando hace meses– y, así, despenalizar el aborto. No faltaron declaraciones públicas del Presidente que, por vía de una calculada hipocresía, respaldaban los falsos presupuestos del discurso abortista: "Los argentinos nos animamos a sacar un tema tabú. Estoy muy contento con el debate y el diálogo, pero tenemos un problema de fondo que no va a cambiar con una ley más o menos".
Se trató –y se trata– de una pelea contra un Estado. Una pelea despareja, por cierto. Los provida tenemos a todo en contra. Especialmente, tenemos en la vereda de enfrente a un Presidente que, aunque no lleve pañuelo verde, ejecuta servilmente maniobras pro-aborto y, por tanto, anti-argentinas.

NÚMERO 8: estamos ante una guerra religiosa, que también es política, cultural e ideológica. Pero no deja de ser religiosa.

            Basta de agnosticismo discursivo. Basta perder el tiempo y las energías tratando de convencer a los provida de “no mencionar” la religión en un conflicto donde el adversario ataca la religión una y otra vez. Los evangélicos nos dieron una soberana lección a los católicos, cosa que debería darnos vergüenza. Con un discurso explícitamente religioso se congregaron el pasado 4 de agosto en las inmediaciones del Obelisco: más de un millón de personas.
            Circuló hace unas semanas una grabación que reproducía las palabras de los abortistas en un discurso. Una desdichada egresada de un colegio católico, según su propia confesión, leyó en público una proclama a la que denominó “Proclama hereje para la biblia feminista”. Escuchamos cosas como éstas:

“Se enrosca la serpiente bíblica, hoy pañuelo verde, en estas modestas ramas del árbol del conocimiento, nuestras muñecas. Todas las Evas de nuestra sangre y las serpientes de nuestras estirpes muerden de muerte fatal la maldición de dios, ese perverso geniecillo: ya no somos enemigas, ya los pies de la sororidad aplastan las cabezas de la envidia”.

Y continúa: “Todas las que llevamos como primero o como segundo el nombre de María ¡LO ABORTAMOS! ¡Y a los tres días RESUCITA! Pero esta vez es una guerrera amazona, jefa de brujas, putas, tortilleras, travas y aborteras; que redacta ningún mandamiento en tablas de piedra sino en el vientre de la india, madre tierra, una nueva teogonía: Evas, serpientes y Marías, dejamos la matanza entre nosotras para ir a envenenar a dentelladas los aquilinos talones patriarcales”.
Hay más: “Eva, diosa por fin, se abraza con la Virgen María y la libera: Hija mía, ya no parirás a la fuerza y con dolor, ya no te embarazará jamás ningún ángel psicópata sin que te hayas enterado, ya nunca más, sin haber gozado. Bendita será tu sangre menstrual, benditas tu voluntad y tu salud, bendito por sobre todo: tu deseo. Y María escucha dichosa estas palabras y ahora Cristo nace si María quiere; y si no quiere, no hay dios que nazca…”.
            ¿Alguien nos puede mirar a los ojos, después de leer esto, y decir que no se trata de una guerra religiosa?

NÚMERO 9: el discurso pacifista, “buenudo” y bienpensante está agotado.

            Ya no se puede seguir pretendiendo que estamos ante una problemática circunstancial. Esto no se arregla ganando encuestas ni con educadas peticiones dirigidas al Lobo Feroz. Debemos dejar de pedirle al Gobierno Nacional que desarticule las maniobras abortistas de los integrantes del Gobierno Nacional. No van a ir contra sí mismos y esperar tal cosa, o incluso peticionarla, es una pérdida de tiempo. Debemos dejar de pedirle al Lobo que no se coma a Caperucita. El Lobo ES LOBO.
Es intelectualmente deshonesto seguir diciendo que “no estamos contra nadie” al mismo tiempo que NUESTRA GENTE es atacada, vilipendiada, escupida, humillada. Es intelectualmente deshonesto que algunos se hagan los distraídos mientras los templos, las parroquias o los lugares identificados como profamilia son sistemáticamente atacados.
La medida de la acción debe guardar congruencia con la magnitud del ataque. Si nos escupen, agreden e insultan, es por lo menos suicida atribuirles buenas intenciones. No nos podemos configurar como el frente provida algodonado. Más bien debemos constituirnos como el Alcázar de Toledo. Empecemos a usar un lenguaje más próximo a las gestas y patriadas.

NÚMERO 10: la hipocresía abortista no tiene límites. Para ellos vale todo.

            Las mismas que en los debates piden respeto, en los murales escriben “Mata a tu papá, a tu novio y a tu hermano”.
            Promueven el pañuelo verde en alumnos de colegio secundario porque “es un debate que nos debemos todos”, pero pegan alaridos de dolor si cientos de niños en Santiago del Estero llevan su pañuelo celeste.
            Dicen que el aborto no es un asesinato pero rehúyen la mirada cuando en el senado pasan un video.
            Acusan a la Iglesia de oponerse a la ciencia mientras reniegan, cuestionan y porfían los descubrimientos científicos en torno a la vida intrauterina.
            Se rasgan las vestiduras por las mujeres embarazadas “torturadas por la Dictadura” al mismo tiempo que militan para que las mujeres embarazadas puedan descuartizar a sus hijos.

NÚMERO 11: no podemos ni debemos acostumbrarnos a debatir el aborto.

            Pocas horas antes del voto en Senadores, el Presidente Macri sostuvo públicamente: “No importa cuál sea el resultado, hoy ganará la democracia”. Y en eso le asiste toda la razón. Porque la lógica del sistema vuelve teóricamente posible discutir lo que no debe ser discutido, cuestionar lo que no debe ser cuestionado. Todos los relativistas celebraron el debate, lo escuchamos, martillado una y otra vez. No faltó abortista que no levantase su copa triunfante por el hecho de que “por fin” los diputados y senadores estaban, al menos, discutiendo. Durante todo el año, e incluso después del rechazo de los senadores, la consigna era monolítica: “La ley se puede haber perdido pero ya no hay más tabú sobre el aborto”. La acción psicológica-cultural fuera del Congreso y el Senado –por un lado– y la lógica sistémica se conjugaron para propiciar este debate indigno, falso, este pseudo debate.
            Los provida no sólo debemos repudiar la posible sanción de una ley abortista, también debemos repudiar la lógica relativista/agnóstica/liberal que subyace en esta controversia. Es decir, la lógica nocturna –pues proviene de un principio perverso– de que nada es absoluto, de que todo se puede discutir, de que “hay derecho” a debatirlo todo.
            Quienes se especializan en promover la contracultura saben que la mejor manera de mellar el sentido común es acostumbrar al ojo a leer perpetuas negaciones de lo obvio; acostumbrar al oído a escuchar eternas porfías sobre lo evidente. Ningún provida puede celebrar el debate sobre el aborto, debe repudiarlo y entender las profundas implicancias psicológicas del mismo. Aplaudir la existencia misma del debate es celebrar que haya personas que quieran la muerte de un inocente.

NÚMERO 12: el aborto se convierte en objeto de debate porque nuestro país vive de absurdo en absurdo.

            En la Argentina, a los delincuentes hay que tratarlos con suavidad mientras a los efectivos de la policía se los fusila mediáticamente. Los docentes de la escuela pública, en teoría amantes de la educación, interrumpen las clases y arrastran a los alumnos a contiendas políticas que apenas conocen. Un varón que ahora quiere llamarse “Jessica” juega hockey femenino y la entidad deportiva no se lo puede impedir porque termina siendo acusada por “discriminación”. Los chicos quieren ser grandes, los grandes quieren ser chicos. Ser cruel con un perrito es visto como una atrocidad (lo es) por la misma persona que abandona sin mucho trámite a su padre en un geriátrico. Y sigue la irracionalidad: las feministas dicen que sus pechos son elementos sexuales sólo por una construcción cultural, y salen a mostrarlos. Tuvimos el Tetazo. Una alumna de colegio secundario quería asistir a clases sin usar sostén, y tuvimos el Corpiñazo. “Todos y todas”, “hermanos y hermanas”, “todxs” y, ahora, el último descubrimiento del momento, que haría palidecer a mentes como Pascal, Edison, Fleming y Einstein: “todes”.
En este contexto absurdo, absolutamente absurdo, ¿sorprende a alguien que el aborto entre en debate? ¿Sorprende que quienes dicen “Ustedes, los varones, no pueden hablar sobre el aborto porque no tienen útero” son los mismos que llevaron al Congreso a Florencia de la Vega?

NÚMERO 13: el sistema es ilegítimo en sí mismo, más allá del rechazo en Senadores. Debemos repudiar la mentira del sistema.

El aborto es una injusticia y eso los provida lo tenemos más que claro. Pero debemos repudiar también otras injusticias. El principio medular del sistema político –la soberanía popular– es falso, por tanto sus aplicaciones no pueden ser justas. Es intelectualmente insostenible que la vida de un inocente dependa de las mayorías, es moralmente repudiable que una persona viva en función de más o menos cantidades. Son acertadísimas las palabras del Padre Diego de Jesús: no hay que debatir el aborto, hay que abortar el debate. La vida del inocente, como dijo Antonio Caponnetto, es indebatible.
La soberanía del pueblo –punto de fuga ideológico– es la sangre de este sistema, y en tanto principio totalitario tiende a fagocitar las realidades políticas vecinas. La soberanía del pueblo, más temprano que tarde, se va comiendo las cosas, va mellando, va carcomiendo la cosa pública. Si no afirmamos esta verdad, nuestras modestas victorias provida serán en el mejor de los casos unas saludables bocanadas de aire en el medio de una atmósfera próxima a la cloaca. Serán éxitos de corto plazo pero, a la larga –por la fuerza misma de la lógica sistémica–, terminaremos sucumbiendo. No subestimemos el poder de la lógica política. Hay una racionalidad oscura en el sistema, pero racionalidad al fin. Hay un dominó intelectual: el aborto puede ser legal en la Argentina si la mayoría de diputados y senadores así lo juzga. Por eso, el camino no puede ser la formación de un partido político –por excelente que sea la gente que lo quiera integrar, por más excelentes que sean las intenciones de estas personas– sino la desobediencia civil. No descartemos la posibilidad de una resistencia que vaya más allá de lo legal.
Que esta idea empiece a estar en nuestra cabeza. Podríamos estar moralmente obligados a usar la fuerza.

NÚMERO 14: el éxito y el fracaso, en última instancia, no importan. La historia registra las causas grandes y nobles.

            Para cerrar estas reflexiones, no podemos ignorar las palabras de Kipling: “Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia”. La ley del aborto no salió, fue rechazada. Pero eso no cambia ni debe cambiar nuestra actitud interna, nuestro motor espiritual. No estamos obligados a ganar pero sí a poner todo para ganar. No estamos obligados al éxito sino a tener una mentalidad de éxito. En síntesis: estamos obligados a tener una actitud ganadora, esto es, poner todos los medios para que el éxito sea inevitable. Rendir al máximo, gastarse y desgastarse, hasta el punto que el universo tenga que retorcerse sobre sí mismo para negarnos nuestros objetivos.
            Así debemos ser nosotros. Festejamos, claro está, el rechazo de esta ley genocida. De esta ley que hubiese implicado un auténtico terrorismo de estado. Con la ayuda de Dios, hoy tenemos un poco más de aire limpio para respirar. Pero ya se escuchan los sonidos del ejército enemigo marchando: percibimos las pisadas de esas fuerzas oscuras, motorizadas por el dinero, la ideología o incluso el satanismo. Y no están lejos. Tenemos que tomar entonces la armadura de la Verdad, el Bien y la Belleza. Librar la batalla, alegre y poéticamente, como pedía José Antonio. Esta es una pelea cuya médula está en las fuerzas espirituales que cada hombre tenga, en su fortaleza interior. Hagámonos de roble, para así poder resistir la artillería, y luego pasar al  contraataque. Con lucidez y coraje. Como hizo San Martín, pongamos nuestros modestos sables a los pies de la Virgen, pidiéndole por el triunfo definitivo de esta Guerra. Seamos generosos, porque si no es hoy, si hoy no sacrificamos nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestra comodidad, ¿cuándo?



[1] https://www.youtube.com/watch?v=TgBdobwrBZs&t=9s
[2] https://www.clarin.com/espectaculos/fama/florencia-ve-equivoco-hablar-aborto-clandestino-amalia-granata-perdono_0_rkZPk2ZAG.html
[3] https://www.actuall.com/vida/el-padre-de-angelina-jolie-y-la-sobrina-de-luther-king-llevan-al-cine-el-caso-roe-vs-wade/
[4] https://www.youtube.com/watch?v=WI7O6DkEt38 (Minutos 20,10 y ss.)
[5] https://www.youtube.com/watch?v=EzxPgZeV9Jw&t=12s
[6] https://www.youtube.com/watch?v=_r57PjvfDWc&t=

miércoles, 1 de agosto de 2018

No quieren ver - A propósito de la censura del video de la Dra. Chinda Brandolino en el Senado


No quieren ver

“Por favor, ¿lo puede cortar? ¿Lo corta?” - A propósito de la censura del video
de la Dra. Chinda Brandolino en el Senado


Por Juan Carlos Monedero (h)

Ayer, 31 de julio, en el Senado, quien oficiaba de moderador censuró el video –mostrado por la Dra. Chinda Brandolino– de un aborto realizado posteriormente a las 22 semanas.
Estaban sentados los senadores, los asesores de los mismos y el público invitado. No habían pasado ni 30 segundos del video y la gente comenzó a levantar la voz. Protestas. Indignaciones. Murmullos. Gente que se va. Todos se mosquean, se incomodan, respingan. Se retuercen ante las imágenes. “Paralo un minutito” dice el moderador, y el video se detiene. Fue patético verlo intentar, con desesperación, sortear el momento.
Balbucea entonces unas frases que no van a nada, pero llega a decir con claridad: “No pasemos el video”. A los pocos segundos, nervioso, dice levantando la voz: “ayúdenme todos”. Visiblemente tironeado entre la indignación de la gente y la necesidad de VER aquello sobre lo cual se está hablando: el aborto.
“Por favor, ¿lo puede cortar? ¿Lo corta?”.
“Lo corta, por favor. Ya está”.
“Ya está”.
Y el video es interrumpido. Nunca mejor usada la palabra.


Se puede hacer, no se puede ver.
Se puede legalizar, no se puede observar.
“Todos somos tolerantes” pero ellos no toleran ver un video.
Ellos no soportan verlo pero el país entero debo garantizar que sea legal, seguro y gratuito.
Saben que lo que hace es inhumano, por eso no quieren verlo.
Si se ve el video, no les queda margen. Si se ve el video, están perdidos.
Esto es hipocresía, ya no podemos seguir mirando para otro lado. Dejemos de pensar que hay buena voluntad pero error de ideas. Acá no hay errores de ideas, acá hay manipulación y degradación humana. Hay una voluntad empecinada en No querer ver, no quieren ver, quieren apagar el video, quieren destruir el video. Odian esa claridad, odian esa luz insobornable que son las imágenes. Al igual que los culpables de un delito, odian esa evidencia que los señala como criminales. Porque tratándose de palabras, siempre pueden porfiar. Siempre se pueden refugiar en conceptos ideológicos, siempre pueden mentirse a sí mismos. Con un video no.
Si buscasen la justicia, si realmente les preocupase la vida de las mujeres, buscarían la verdad. Abrirían los ojos. Que hayan censurado el video de la Dra. Brandolino es la prueba acabada de que están haciendo precisamente lo contrario. No quieren ver. Nosotros, ¿queremos ver? ¿Tomaremos nota de que ellos no quieren ver, actuando en consecuencia?

viernes, 27 de julio de 2018

Aborto: el triunfo del Vale Todo con tal de matar a un inocente


Aborto: el triunfo del Vale Todo
con tal de matar a un inocente

“Refutarlos es bueno, desenmascararlos es mejor”.

Por Juan Carlos Monedero (h)

Durante años escuchamos a los abortistas decir –y algunos despistados con el libreto no actualizado lo siguen repitiendo– que el embrión no tenía vida; por eso, abortar no sería un homicidio. Ahora bien, los que están a favor de la ley reconocieron en el Congreso y en el Senado que el embrión es un ser vivo pero que, de todas maneras, las mujeres igual tenían derecho.
“Los métodos anticonceptivos pueden fallar, por eso queremos aborto legal”, vienen repitiendo ad nauseam hace tiempo. Vino Abel Albino, dijo que la anticoncepción no era 100% eficaz, y no faltó pañuelo verde que no lo criticase.
Al principiar en abril este pseudodebate, la abogada abortista Paola Bergallo sostuvo que “en la Argentina, en realidad, nunca estuvimos convencidos de usar el derecho penal” contra quienes practicaban el aborto[1]. No sabemos entonces por qué, pocos minutos después y al mejor estilo Robert De Niro, el constitucionalista Andrés Gil Domínguez clamaba teatralmente por las mujeres que abortaban “bajo el estigma de la persecución penal”[2].
Hay más. Hace casi dos semanas, el científico Alberto Kornblihtt dijo que el embrión humano (sic) no es “un ser humano”. Pero la cineasta Lucrecia Martel parece no estar de acuerdo: según ella, en el vientre de la mujer hay vida humana –“¡Obvio que hay vida! ¡Obvio que es una vida humana!”[3]– pero de todas maneras “la mujer tiene derecho a decidir”. Fue repreguntada en estos términos: “¿A eliminar una vida humana?”. Su respuesta fue: “Sí, señor, tiene el derecho”.
Última muestra. Hace casi dos semanas, el precitado Kornblihtt sostuvo que “el concepto de vida humana es una convención arbitraria que responde a acuerdos sociales, jurídicos o religiosos pero que escapa al rigor del conocimiento científico”. Se trata del mismo que, en febrero de este año, dijo por radio: “Vida humana en el sentido de la organísmica, del organismo, como dije antes, es un proceso continuo que comienza con la fecundación en el seno materno o también podría comenzar con una fecundación in vitro…”[4].
A ver si nos vamos entendiendo.
No les importa la vida de las mujeres, ni la salud pública, ni el embarazo adolescente. Les da igual contradecirse. No les importa decir blanco el sábado a la tarde y negro el domingo a la mañana. Es la razón abortista: el triunfo del Vale Todo con tal de matar a un inocente. Con tal de imponer su ideología. Con tal de forzarnos a admitir un mundo donde la mujer no sea manantial de vida sino factoría de muerte.
Sólo interesan sus objetivos: con cara de piedra, van a mentirte sin pestañear a fin de poner a la Argentina de rodillas, para que nos destruyamos mutuamente.
Vos elegís de qué lado ubicarte.





[1] https://www.youtube.com/watch?v=nrvxQS0jaok
[2] https://www.youtube.com/watch?v=NQU9TJaMMNc
[3] https://www.youtube.com/watch?v=WI7O6DkEt38 (Minutos 20,10 y ss.)
[4] https://www.youtube.com/watch?v=-mUOHYkWFyw

sábado, 21 de julio de 2018

“No hay un absoluto… pero el embrión no es un ser humano”. Y esto es absolutamente cierto. Réplica al Dr. Alberto Kornblihtt (CONICET – UBA) - Por Juan Carlos Monedero (h)


“No hay un absoluto… pero el embrión no es un ser humano”.

Y esto es absolutamente cierto.

Réplica al Dr. Alberto Kornblihtt (CONICET – UBA)


            Vamos a darle una respuesta a las palabras de Alberto Kornblihtt, quien expuso en el Congreso manifestándose a favor del proyecto abortista el pasado 31 de mayo[1]. Kornblihtt es Doctor en Ciencias Químicas, Biólogo, Investigador Superior del CONICET y Profesor Titular Plenario de la UBA. Sus planteos se viralizaron en las redes sociales, sobre todo en las últimas semanas, dando cierta artillería a los apologistas del aborto. Hoy en día, Kornblihtt se perfila como uno de los alfiles de la causa.




PRIMER ROUND: Vamos aclarando el panorama.

Suenan las campanas. Desde el inicio de su ponencia, el investigador plantea que presentará los últimos datos científicos que supuestamente confirmarían que un embrión no es lo mismo que un ser humano. Pero pronto se aprecian contradicciones. En efecto: “Los humanos somos mamíferos placentarios. Somos mamíferos por tener pelos y producir leche. Y placentarios porque el desarrollo solamente puede completarse dentro del útero”. Pues bien, si los humanos somos mamíferos placentarios, entonces un embrión –que crece dentro de la placenta– gestado por una mujer de la especie humana debería ser tan humano como nosotros. ¿O no?
Sigamos. Poco después, el especialista no teme en calificar al embrión llamándolo “casi un órgano de la madre” lo que, obviamente, suena muy científico a ojos vista. Pero pasemos por alto este desliz (al fin de cuentas, el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra). Continúa Kornblihtt diciendo: “la madre –ya veremos lo que podemos decir de esta palabrita– no sólo aporta, a través del intercambio placentario, el oxígeno y los alimentos necesarios para que el embrión progrese”; comunica también “los anticuerpos, fabricados por ella, que protegen al embrión de posibles infecciones. Además, las sustancias de deshecho y el anhídrido carbónico pasan de su sangre (se refiere al feto) a la de la madre a través de la placenta”. Y concluye: “sin ese intercambio placentario, el feto no podría progresar porque se intoxicaría”. No se puede pasar por alto –como observa agudamente nuestro amigo Tomás González Pondal[2]– que si el embrión fuese “casi un órgano de la madre” (y no distinto de su progenitora), entonces tales anticuerpos defenderían solamente al propio individuo que los produce. A propósito: ¿advierte Kornblihtt que no puede haber MADRE sin haber un HIJO?
Sigue el biólogo: “Las células y órganos del embrión y más tarde del feto sufren cambios epigenéticos durante el embarazo, que son consecuencia de la íntima relación con la madre y sin los cuales el nacido no progresaría”. Es decir: esos cambios que le ocurren al embrión y más tarde al feto son necesarios para que el nacido progrese. O sea: el embrión, el feto y el nacido son el mismo ser. Precisamente por eso –porque se trata del mismo ser–, no progresaría en su crecimiento la persona ya nacida de no haber experimentado esos cambios epigenéticos en el pasado, dentro del útero. Salvo el perverso deseo de pretender establecer el aborto a cualquier precio, no hay fundamento para decir otra cosa.
“El embrión y el feto no son seres independientes de la madre”, concluye triunfalmente Kornblihtt luego de explicar y describir cómo la placenta materna es necesaria para el desarrollo del niño. ¿Alguien alguna vez había objetado ésto? ¡Objetores de placentas, marchen presos! Nosotros no vimos ninguno. El científico no ha demostrado el carácter no-humano del embrión –como prometió ante el Senado– sino simplemente su condición placentaria.
Asimismo, es llamativo que el especialista olvide que los seres humanos siempre somos seres dependientes; lo es el embrión, el feto, pero también lo es un niño recién nacido, un pequeño de 5 años, un anciano o cualquier persona que, desafortunadamente, se encuentre en coma. Es claro que la dependencia con la madre guarda relación con la viabilidad del feto o del embrión; tan claro como que ser viable es una cosa, no ser humano es otra.
En definitiva, Kornblihtt presenta datos que –interpretados rectamente– brindan más firmeza a las posiciones provida. Lo expuesto hasta acá permite establecer el carácter absolutamente necesario de la madre para la preservación de la vida de su hijo. Miren cuánto nos parecemos: el feto necesita oxígeno, alimentos, anticuerpos, deshecha sustancias, posee sangre, puede intoxicarse. Lejos de demostrar que un embrión no es un ser humano, los datos presentados nos conducen precisamente a la conclusión inversa.

SEGUNDO ROUND: sí pero no.

Luego, Kornblihtt se mete en el tema de las legislaciones. Y dice que incluso para los sistemas legales donde está penalizado el aborto “la persona humana comienza con el nacimiento con vida”, para luego decir que esto tiene lugar “cuando el bebé se separa completamente de la madre”. Si analizamos estas palabras, advertimos dos cosas: 1) el adverbio completamente implica que el bebé –antes del nacimiento– ya estaba separado de la madre, pero no completamente; y 2) más importante aún: el bebé es bebé antes de ser separado completamente de la madre. Es el sentido común que brota por los poros del lenguaje, aunque al especialista del CONICET–UBA no le guste.
Es cierto –como dice el precitado Kornblihtt– que en la Argentina la ley civil reconoce “derechos suspensivos al embrión”, derechos que se harían efectivos al nacer con vida. Es cierto. Como también lo es que la ley penal de este país condena el delito de aborto (art. 85 del Código). Pero no debería extrañar a ningún lector avisado que un abortista invoque sesgadamente la ley: es su modus operandi, no una excepción. Por otra parte, Kornblihtt no ve que concederle al embrión esos derechos suspensivos sólo tiene sentido si la persona por nacer y el embrión son lo mismo. Esta continuidad no dice nada al Investigador del CONICET pero debería llamar la atención a todo aquél que conserve un poco de racionalidad. Tampoco le resulta notorio que la ley condene por homicidio simple en concurso real con aborto (y no homicidio simple) a quien quitare la vida a una mujer cuyo embarazo le constare. Pero, ¿cómo podría significar algo para este hombre, víctima y victimario de esta hermenéutica jurídica contra la vida?
Hay más. Sigamos con este pugilato discursivo. Kornblihtt dice que “La Biología no define vida humana, define vida”. Se trata del mismo especialista que, minutos antes, sostuvo que un embrión no es un ser humano. Explíquenos algo: ¿Por qué la Biología no puede definir vida humana pero sí definir que el embrión no es un ser humano? Los datos científicos –dice el académico del CONICET– no permiten concluir que el embrión es un ser humano… pero sí permiten concluir que no lo es. ¡Miren ustedes! ¿Por qué misterioso destino los conocimientos científicos son insuficientes para afirmar la humanidad del feto pero son suficientes para negarla?
Minuto 4,00 y siguientes: “Cabe preguntarse por qué para algunos es aceptable concebir que después de la muerte legal de una persona, definida en función del cese de la actividad cerebral o del latido del corazón, se admite que sus células sigan vivas por un tiempo y resulta, para esas mismas personas, difícil concebir que un embrión humano (¡!) está formado por células vivas pero todavía no es un ser humano”. No sabemos de las dificultades que ciertas personas puedan tener para concebir eso. Lo que parece evidente es la dificultad de concebir que un embrión humano no posea una vida humana, ¿no? Lo que nos lleva a la siguiente pregunta, de profunda raigambre epistemológica: ¿Por qué como biólogos no podemos afirmar la vida humana (sí, humana) del embrión pero podemos afirmar la vida humana de Kornblihtt?

TERCER ROUND: proyectos de humanos.

Hacia la mitad de su exposición, Kornblihtt dice que “un embrión humano (¡!) está formado por células vivas pero todavía no es un ser humano”. Y se atreve a decir: “Para la Biología, un embrión es un embrión, no es un ser humano. En todo caso, es un proyecto de ser humano”. ¿Alguien puede explicar por qué un embrión humano no es un ser humano? ¿Por qué no es entonces un proyecto de elefante o de ardilla? ¿Por qué diríamos “de ser humano” si no hubiese una humanidad presente? Todavía no es un ser humano: o sea que, según la lógica abortista, próximamente lo será. Pero, ¿acaso matar al que va a ser un hombre no es matar al hombre que ya es? De nuevo, la verdad se cuela por los bordes del discurso.
Kornblihtt vuelve al ataque, y sostiene: “El concepto de vida humana es una convención arbitraria que responde a acuerdos sociales, jurídicos o religiosos pero que escapa al rigor del conocimiento científico. Esta divergencia de criterios lleva a la dificultad de ponerse de acuerdo sobre el status del embrión. Pero deberíamos ponernos de acuerdo en que no es un ser humano y que, por lo tanto, no sería un crimen interrumpir el embarazo prematuramente”. Tomemos nota de lo peligrosamente cercanos que estamos a la mentalidad eugenésica o racista: si el concepto de vida humana es una convención arbitraria, entonces lo que está en juego es la vida en todas sus formas y etapas. No se ve qué impide, en esta lógica tan peculiar, que pueda acabarse con un hombre blanco, un hombre negro, uno al que le falte una pierna o que padezca el síndrome de down.
Si el concepto de vida humana escapa rigor del conocimiento científico, ¿qué valor tiene que un científico nos hable de algo que escapa al rigor del conocimiento científico? ¿Qué valor tienen todos los títulos de Kornblihtt? ¡Él mismo se está declarando incapaz! Y más aún: si escapa rigor del conocimiento científico, tampoco se puede establecer científicamente la no-humanidad del embrión. ¿Por qué deberíamos ponernos de acuerdo en que el embrión no es un ser humano si no hay acuerdo sobre el status del embrión?

CUARTO ROUND: vuelve el jurista.

Luego, de nuevo, Kornblihtt vuelve a meterse en el Derecho (¿los datos científicos no eran suficientes?). Pretende mostrar que el embrión no es una persona, a diferencia del ya nacido, diciendo: “la pena por practicar un aborto es mucho menor que la pena por matar a una persona…”. El especialista invoca, asimismo, “el hecho de que esté permitido (¡!) abortar en casos de violación o de peligro de la vida de la madre”. Son dos los puntos que deben abordarse: las penas, por un lado, y la supuesta permisión para el aborto.
En primer lugar, como ya dijimos, el aborto está penado. Y está penado precisamente porque el embrión es una persona: de hecho, el artículo 85 del Código Penal contempla el delito del aborto en el marco de Delitos contra las personas/Delitos contra la vida.
En segundo lugar, puntualicemos que, en la Argentina, el aborto no está “permitido” sino que en algunos casos se considera “no punible”. Una acción antijurídica se declara no punible cuando la ley, por algún motivo, decide no perseguirla y por tanto no castigarla. Por ejemplo, el robo es una acción antijurídica pero realizado por un menor de edad no es punible. Aún demostrada su culpabilidad, el joven no será castigado. Hacer trabajar a un menor también es antijurídico pero no es punible siempre y cuando sean los padres, tutores o guardadores del niño los que lo hagan trabajar. Con todo y sin embargo, siguen siendo acciones antijurídicas y, por tanto, contrarias a la justicia.
Por último, cuando la ley declara no punibles ciertos homicidios –el aborto en caso de violación de mujer idiota o demente, por ejemplo– no está afirmando la inexistencia de la persona muerta. De hecho, la ley considera no punible el homicidio en el caso de la legítima defensa. ¿Y acaso el atacante abatido en esta circunstancia no es persona? Sí: tanto como el embrión.

QUINTO ROUND: Mejor ni lo hubieses abierto

    Algún espíritu maléfico –quizás el genio cartesiano– indujo a Kornblihtt a abrir el diccionario para probar que el aborto no era un homicidio. Otra explicación no hay, porque nuestro prestigioso científico leyó que en “la sexta edición de un diccionario de genética de King y Stanfield (2002)” se proponen dos acepciones de la palabra aborto, definido como:

a) “la expulsión de un feto humano del útero por causas naturales antes de que sea capaz de sobrevivir independientemente”.
b) “la terminación deliberada de un embarazo humano muy a menudo realizada durante las primeras 28 semanas de embarazo”.

       Kornblihtt cierra triunfalmente su diccionario y concluye con festividad digna de mejores nupcias: “Como se ve, en ninguna de las dos acepciones se menciona la vida humana, ni la palabra matar u homicidio”. Entendido: el mundo entero le clavó el visto. Está llegando la corona para el campeón. Lipovetzky, Rubinstein, Cristina Kirchner y Mauricio Macri están corriendo para llevársela… cuando de repente aparecemos nosotros, interrumpimos la orgía y clamamos voz en cuello: ¡Es un diccionario de genética, no de derecho y leyes! ¿Se dan cuenta? Además, el diccionario no dice homicidio pero habla de feto humano y de embarazo humano. Como dice el precitado González Pondal, el gran descubrimiento de Kornblihtt es haber encontrado un diccionario de genética que no utiliza una terminología jurídica.
Lo cierto es que el catedrático del CONICET ha cortado la rama que a él mismo lo sostiene. Su propia fuente no habla de un órgano ni de un casi-órgano-de-la-madre. Por lo visto, el autor del diccionario tampoco sintió escrúpulo alguno en llamar feto humano o embarazo humano al embrión humano, al contrario de este Doctor en Ciencias Químicas que no podría ver a un elefante en un zoológico vacío. ¿No es increíble que sea el mismo Kornblihtt el que trae a colación el diccionario? Por eso pensamos que en realidad, algún perverso genio ha de haberse metido en su cerebro y le ha obligado a invocar este salvavidas de plomo. Sin contar que el especialista habla del aborto como “la terminación deliberada” de un embarazo humano muy a menudo durante las primeras 28 semanas, ignorando que hoy en día los médicos salvan a bebés prematuros de 25 semanas de gestación. El progreso científico no cesa de incrementar las posibilidades para los mismos que Kornblihtt no hubiese tenido vergüenza en eliminar.

COLOFÓN


Termina diciendo Kornblihtt, siguiendo a los sofistas de la Antigüedad: “No hay un absoluto y los legisladores deben legislar para todos”. Como siempre, como lo sabemos ya desde Sócrates, Platón y Aristóteles, nada es absoluto… salvo las ideas de ellos. No hay un absoluto… pero el embrión no es un ser humano. Y esto es absolutamente cierto. “¡Todo adoctrinamiento es malo…!” Salvo el adoctrinamiento abortista en el Nacional Buenos Aires o en el Carlos Pellegrini. “¡Todas las posiciones son válidas!” Salvo la defensa de la vida del inocente en el vientre materno. “¡Toda violencia es censurable!” Salvo la agresión contra los templos católicos en el marco de Autoconvocadas. Está bien que refutemos, que rebatamos las posturas abortistas. Pero desenmascararlas es mejor. Vamos a ello con una adivinanza.
¿Adivinen quién dijo el 28 de febrero de este año, entrevistado por radio: “Vida humana en el sentido de la organísmica, del organismo, como dije antes, es un proceso continuo que comienza con la fecundación en el seno materno o también podría comenzar con una fecundación in vitro…”. ¿Quién lo dijo? Lo dijo el mismísimo Alberto Kornblihtt, en conversación con María O´Donnel, Tarde para Nada, Radio Con Vos[3].
Sí, estimado lector. Leyó usted el término fecundación. Leyó “vida humana” (¡pardiez!). 
¿Cómo es, Profesor? ¿No era que el concepto de vida humana era “una convención arbitraria que respondía a acuerdos sociales, jurídicos o religiosos y blablabla?
No, Kornblihtt. No conteste. Vaya, haga penitencia, conviértase y crea en el Evangelio. No queremos estar en su pellejo. Nunca, pero especialmente no quisiéramos estar el Día en que el Dios Vengador de Inocentes lo llame a dar cuentas por la sangre derramada que Usted, con sus palabras, colaboró a verter.
Nosotros, por el contrario, sigamos peleando por el Triunfo Definitivo de la Verdad y la Justicia. Peleemos como si nosotros mismos fuésemos esos embriones cuya vida, en este momento, está en peligro. ¿No nos gustaría acaso que los ya nacidos nos defendieran con toda la fuerza que tengan? Muy bien: Hagámoslo entonces nosotros.



[1] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=ahRfo7q4HQ8
[2] Cfr. https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=1010066319160352&id=874904702676515
[3] Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=-mUOHYkWFyw