lunes, 13 de junio de 2016

¿Por qué la Biblia es únicamente “católica” y no de otras religiones?

¿Por qué la Biblia es únicamente “católica” y no de otras religiones?
–¿Por qué la Biblia es únicamente “católica” y no de otras religiones?
–¿Es coherente admitir el carácter sagrado de la Biblia y negar o, por lo menos, no considerar el carácter divino de la Iglesia?

Es innegable la cantidad de personas que no ven en la Iglesia Católica esa autoridad de carácter divino. Sea porque son bautizados católicos que comparten una parte de su doctrina pero, por ejemplo, rechazan la enseñanza de la Iglesia en materia de sexualidad; sea porque son personas que, habiendo sido bautizados, han abandonado su fe católica y ahora son bautistas, evangélicos, anglicanos, testigos de Jehová, etc. En un caso o en otro, al menos, se venera la Biblia como Palabra Revelada. Surge este interrogante de manera casi espontánea:

–¿Es coherente admitir el carácter sagrado de la Biblia y negar o, por lo menos, no considerar el carácter divino de la Iglesia y sus enseñanzas?

Ante todo, la Biblia es Palabra de Dios. Creemos que fue escrita bajo la inspiración del Señor, siendo secundario aunque muy real el papel del hombre. Tiene a Dios como causa principal mientras que el hombre oficia una suerte de causa instrumental. Propiamente, los hombres no comunican en la Biblia nada; es Dios mismo quien habla, a través de un lenguaje humano. Lenguaje que Él mismo inspiró y del que Él mismo es responsable.
Hoy nosotros vemos a la Biblia como un único libro, bastante grande, pero en realidad eso es el resultado de una suerte de “recopilación”. La Biblia no está formada por un sólo libro sino por un conjunto de ellos; está compuesta por 73 libros distintos, definidos como tales a comienzos del siglo II del cristianismo (a esto se le llamó ‘canon’ bíblico). Este canon, idéntico, se puede apreciar en los documentos del Concilio Romano del año 382, durante el reinado del Papa San Dámaso (Cfr. Denzinger 84). Mil años después, el mismo canon (no otro) fue reforzado con ocasión de las objeciones de Martín Lutero (fundador de la herejía protestante) en el Concilio de Trento: Denzinger 783-785. Por tanto, es la Iglesia –desde sus instancias de autoridad más elevadas– la que ha determinado que todo católico que negara la inspiración divina de algún libro sagrada se hacía merecedor del duro adjetivo de ‘hereje’.
La confección y posterior definición magisterial de los libros que conforman la Biblia no fue algo inmediato. No fue obra de un sólo hombre sino de generaciones de ellos, inspirados por Dios. Lo que hoy vemos como el “producto terminado”, la Biblia, tiene su origen principal en Dios, por cierto, mientras que en el terreno humano fue necesaria la investigación, la traducción y la fidelidad de los hombres, durante siglos, que con su propio lenguaje comunicasen la Palabra de Dios.
Ahora bien, es evidente que en el mundo existen mucho más que 73 libros. Existen millones de libros y por lo menos miles de libros existían ya a comienzos del siglo II. Cuando se determina el canon de libros –discriminándolos de todos los demás–, se toma por cierto una muy pequeña parte del total. Muy bien, preguntémonos ahora: ¿quién ha sido la persona y/o institución que ha separado esos libros de todos los demás?
¿Qué institución ha definido que exactamente esos libros y no otros son Palabra Revelada de Dios?
Esa institución ha sido la Iglesia Católica.
Fue precisamente la Iglesia Católica, no otra iglesia, la que determinó qué libros contienen por escrito una parte de la Palabra Divina que estaba siendo transmitida oralmente; pues, como aclara el mismo San Juan en su Evangelio, no está escrito todo lo que Jesús dijo e hizo.
La Biblia que anglicanos, luteranos, calvinistas, Testigos de Jehová, etc., utilizan proviene de la Biblia definida como tal por la Iglesia; utilizan un Biblia que está formada por libros que la Iglesia ha determinado. Estas biblias no católicas tienen, por lo general, los mismos libros que nosotros (aunque muchas veces posean versículos maliciosamente alterados, como en el caso de los jehovistas). Todos sus fieles creen que la Biblia es Palabra de Dios. Lo creen firmemente. Y firmemente niegan que la Iglesia Católica sea verdadera.
Por lo tanto, hay aquí una contradicción.
En efecto, ¿cómo podría la Biblia ser Palabra Divina y no ser divina la Autoridad que ha definido qué es la Biblia? Creer en la verdad de la Biblia como Palabra de Dios es una y la misma cosa que creer que la Iglesia tuvo la asistencia infalible del Espíritu Santo.
A grandes rasgos, todos ellos tienen los mismos libros que nosotros; usan los libros que la Iglesia determinó; aunque dejen algunos de lado, no agregan ninguno.
La conclusión se impone. Una de dos: o creemos en la Biblia y también creemos en la institución que, originariamente, la ha considerado sagrada –la Iglesia– o, no creyendo en la Iglesia, no nos queda razón alguna para sostener que lo que tenemos a la vista es Palabra de Dios. Sin la Iglesia, no podemos saber cuáles son los libros sagrados. Por esta razón, San Agustín decía: No creería en la Biblia si no fuera por la autoridad de la Iglesia Católica.

3 comentarios:

  1. Yo, en relación a este tema, suelo decir que nosotros como católicos no creemos en la Iglesia porque lo dice la Biblia, sino que creemos en la Biblia porque lo dice la Iglesia. Bueno... podría decirlo más delicadamente.

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    1. O sea, con el comentario anterior no digo que la Biblia no hable de la Iglesia, eh.

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