lunes, 13 de junio de 2016

Iglesia y actualidad: a propósito de ciertas ambigüedades

Iglesia y actualidad:
a propósito de ciertas ambigüedades

Dos entrevistas: Kasper, Martini.
Y el caso del Sínodo

La creciente difusión de numerosos artículos de opinión sobre temas de actualidad de la Iglesia permite reconocer un lenguaje muy particular. Nos referimos a lo que estuvo y todavía está circulando en torno al Sínodo de la Familia, por poner un ejemplo. Declaraciones, desmentidas, idas y vueltas; confusión, sencillamente. Para muchos, esta forma de hablar podrá parecer novedosa. Sin embargo, no lo es. Pocos minutos de Google son suficientes para darse cuenta: pensemos –por poner sólo un ejemplo– en el texto firmado por el entonces Monseñor Rino Fisichella en el año 2009, donde su peculiar retórica le hizo posible justificar la comisión de un aborto en Brasil[1], siendo objetado públicamente por Monseñor Michel Schooyans[2].
           Sin embargo, quizá sí constituya algo nuevo su enorme difusión en redes y noticias. La propagación masiva de artículos periodísticos –que sirven en bandeja estas declaraciones– vuelve este lenguaje accesible a casi todos. De cualquier manera, no cabe duda que hoy es posible identificar cierta forma de expresarse. Es indudable que existe un estilo de comunicación con características propias. No es tarea fácil reconocerlo. Sin embargo, creemos que es posible.
Vamos a los casos. Caso 1: un fragmento de la reciente entrevista de Elisabetta Piqué al Cardenal Walter Kasper en La Nación[3]. Hacia el principio, la entrevistadora le pregunta: ¿Usted dice entonces que no se puede cambiar la doctrina, pero sí la disciplina?”. Y el Cardenal contesta:

La doctrina no puede cambiar. Nadie niega la indisolubilidad del matrimonio. Pero la disciplina sí puede cambiar y ya ha cambiado varias veces, como vemos en la historia de la Iglesia.

Luego la entrevista pasa a otros cauces. Pero queda sin profundizar esto de la disciplina y la doctrina. De un lado, la disciplina: algo que (de guiarnos por la entrevista) parece voluble, sin mucha sustancia. Algo que “puede cambiarse”. Enfrente, sí, eso sí, la doctrina que permanece intocable. ¿Es así?
 En realidad, las cosas son diferentes. Hay disciplinas que pueden cambiar y hay disciplinas que no: es falso que toda disciplina sea, sin más, modificable. Primera distinción. Pero hay otra más importante aún: toda disciplina debe guardar perfecta coherencia con la doctrina que pretende reflejar. Si la doctrina dice blanco, la disciplina no puede decir negro. Aunque sólo sea “la disciplina”.
Por lo tanto, la afirmación del Cardenal Kasper es sumamente confusa. No se puede sostener verbalmente la indisolubilidad del matrimonio al mismo tiempo que se propone algo que “tira abajo” la doctrina sobre esa indisolubilidad. Sería como decir que “creemos en Dios” pero que aceptamos el ateísmo. Al respecto, el Cardenal Ruini ha dicho muy acertadamente:

no se puede pretender que el matrimonio sea indisoluble y comportarse como si no lo fuese[4].

Caso 2: segmento de la entrevista al fallecido Cardenal Carlo María Martini. Quedó consignado, entre otras cosas, este enunciado suyo:

Veo en la Iglesia de hoy tanta ceniza encima de las brasas que a menudo me asalta un sentimiento de debilidad. ¿Cómo liberar las brasas de la ceniza de forma que se reavive la llama del amor? En primer lugar debemos buscar estas brasas. ¿Dónde están las personas llenas de generosidad como el buen Samaritano? Las que tienen fe como el centurión romano. Que son apasionados como Juan Bautista. Que se atreven a innovar como Paolo. Que son fieles como María de Magdalena[5].

¿Qué pensar ante la palabra innovar en boca de Carlo María Martini, una de las cabezas intelectuales del progresismo católico? Quizá nos ayude las palabras de Ernesto Hello. Este gran defensor de la fe sostenía que mezclar la verdad y el error otorgaba a la verdad apariencia de error; mientras que, al error, le otorgaba apariencia de verdad. No es otro el procedimiento latente en este párrafo. Analicémoslo: ¿quién podría rechazar ejemplos de generosidad? ¿O la fe del centurión? Ningún fiel negaría la pasión del Bautista ni la fidelidad de la Magdalena. Ninguno. Sin embargo, junto con santos ejemplos, se colaba la tristemente hueca consigna de atreverse a innovar. Y decimos nosotros:

¿Innovar qué?

¿Qué quiere Ud. innovar?

No lo sabemos. No lo dice.
Está bien, no diga Ud. qué quiere innovar. Pero acaso, ¿no querrá decirnos tampoco para qué desea innovar? Esa es la otra pregunta que surge: ¿Para qué desea esa innovación? Usted desea convertir ÉSO (no sabemos qué), ¿en algo distinto? Más aún: ¿cómo podemos saber que es algo distinto de X, si no tenemos idea de qué entiende Ud., Cardenal, cuando dice X?
Cuando Martini hablaba de innovar –“atreverse”, decía, como si los que son fieles a la verdad recibida estuviesen llenos de temores–, ¿por qué no dijo qué tipo de cambio aspiraba? ¿Por qué delega en nosotros la exacta interpretación de sus palabras? ¿Cómo no pensar que –en boca de Carlo María Martini, nada menos[6]innovar quiere decir alterar la enseñanza de la Iglesia sobre anticoncepción, homosexualidad, aborto, eutanasia, acomodándose al pensamiento dominante? A diferencia de otros bautizados que abiertamente proponen la cultura de la muerte, estas expresiones son suficientemente tímidas como para no despertar reacciones… pero suficientemente claras como para inducir al error.

Caso 3: fragmento del texto borrador –no el definitivo– del Sínodo. En el párrafo temático N° 50 podemos leer:

Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades? A menudo desean encontrar una Iglesia que sea casa acogedora para ellos. ¿Nuestras comunidades están en grado de serlo, aceptando y evaluando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina católica sobre la familia y el matrimonio? 

Veamos.
Nadie duda que las personas con tendencia homosexual –mal llamadas “personas homosexuales”– puedan tener “dones y cualidades”. Ahora bien: ¿en virtud de qué pueden tenerlas? ¿En base a qué poseen esos dones? ¿En base a que fueron creados a imagen de Dios? Tal sería la respuesta correcta. Por eso es importante entender que estas tendencias homosexuales no son causa de “dones y cualidades”. Antes bien: estas personas poseen tales dones y cualidades a pesar de su tendencia homosexual. Nunca a causa de esta tendencia.
¿Por qué esta sencillísima distinción no apareció con toda claridad en el documento borrador del Sínodo? Claro, el borrador no afirma que en virtud de la homosexualidad poseen ciertas cosas buenas. No lo dice, es verdad. Hace otra cosa: se abstiene. No define ni distingue. Deja la puerta abierta a la subjetividad del receptor. Por lo tanto, se trata de un texto que tiene un enorme potencial de conflicto.

Concluyendo: estamos, pues, ante un estilo de lenguaje que deliberadamente carece de exactitud y precisión. Errores sugeridos, nunca pronunciados. El peligro no es como la herejía de los libros de teología: esa herejía decía algo bien definido, algo con principio y fin, algo que empezaba y acababa. Hoy en día, en cambio, el pecado contra el logos consiste en dejar flotando en el aire las palabras a la espera de que sea el interlocutor el que actualice los mensajes que ellas transportan.
Quienes así hablan obtienen dos cosas: dan pasto a los aires reformistas (derivando en otros la responsabilidad de obrar lo que ellos solamente dan a entender) al mismo tiempo que confunden –con sus aproximaciones y coqueteos– a los auténticos fieles. Estos intuyen la deshonestidad que yace en este discurso pero no siempre pueden rebatirla.
Nuestro Señor ha dicho con claridad: Que tu lenguaje sea: sí, sí; no, no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno. Es nuestra responsabilidad reconocer este lenguaje oscuro y confuso, identificarlo con nitidez y así poder realizar el correspondiente discernimiento; para bien propio y de los demás.
La confusión actual en torno a las palabras reclama que la inteligencia, alumbrada y sostenida por la fe, desbarate los artilugios y equívocos de ciertos dignatarios que pretenden transformar –tratando de que no se note– la Casa de Dios en una cueva de ladrones.

Juan Carlos Monedero (h)
28 de octubre de 2014




[1] Los siguientes artículos reproducen parcialmente el artículo del entonces Monseñor Fisichella. Cfr. http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1339160?sp=y, http://archivo.losandes.com.ar/notas/2009/3/16/internacionales-413375.asp y http://www.zenit.org/es/articles/el-caso-de-la-nina-brasilena-no-cambia-la-ensenanza-catolica-sobre-el-aborto. El link que lo reproducía íntegramente, al cual no pudimos esta vez entrar, es http://www.revistacriterio.com.ar/sociedad/del-lado-de-la-nina-brasilena/ Tiempo después, hicimos una crítica de sus argumentos. Cfr. Justificación elíptica del aborto a través de la distorsión de la palabras, en http://secundumnaturamsecundumrationem.blogspot.com.ar/2011/09/justificacion-eliptica-del-aborto.html. Tal respuesta fue confeccionada en base a la importante y valiente reacción de Mons. Schooyans, como puede verse el la nota al pié n° 2.

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